Introducción

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Introducción

El primer modo de transporte terrestre mecánico que funcionó en la
Argentina fue el ferrocarril. El Ferrocarril del Oeste fue inaugurado
el 29 de agosto de 1857 entre las estaciones del Parque (donde hoy
está el Teatro Colón) y la Floresta, con dos locomotoras gemelas
que recorrían un trayecto de 10 Km de vía única, con 4 estaciones
intermedias (11 de Septiembre, Almagro, Caballito y Flores). 

 

El 14 de julio de 1863 se habilitaba un tranvía de tracción a sangre que prolongaba la línea del Ferrocarril del Norte entre su terminal de Retiro y la actual Plaza Colón, y el 27 de febrero de 1870 se inauguraban las dos primeras líneas de tranvías urbanos, también tirados por caballos: el Tramway Central de los hermanos Lacroze y el Once de Septiembre de los hermanos Méndez. En pocos años las líneas ferroviarias y tranviarias se multiplicaron y formaron una densa red que congestionaba las estrechas calles de Buenos Aires. Pronto surgieron proyectos de líneas elevadas o subterráneas con sistemas de tracción como la funicular y la incipiente tracción eléctrica. En una década los tranvías eléctricos desplazaron a la casi totalidad de los otros sistemas callejeros, y los ferrocarriles comenzaron a electrificar su tracción a partir de 1908, y a elevar o deprimir sus vías, ya desde 1899.

Hacia 1909 una de las compañías tranviarias –la An  glo-Argentina– había adquirido la mayoría de sus competidoras y explotaba casi el 80 % del sistema tranviario. Esta empresa construyó nuestra primera línea subterránea, inaugurada en 1913 entre las plazas de Mayo y 11 de Septiembre, y prolongada en 1914 hasta Caballito. La segunda línea subterránea para transporte de pasajeros se inaugura sólo en 1930 y fue construida por el grupo ferro–tranviario Lacroze. Por último, en 1933 una tercera empresa comienza las obras de una red que casi duplicaría la extensión de las anteriores: la Compañía Hispano–Argentina de Obras Públicas y Finanzas (CHADOPYF).

En 1936 se crea un ente mixto privado–estatal, operador y coordinador: la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires (CTCBA) que debía consolidar las empresas de tranvías, ómnibus y subterráneos, además de los colectivos. La Corporación comienza su gestión en febrero de 1939 pero en pocos años pierde la autonomía a causa de sus deudas. En 1948 entra en liquidación, y el estado nacional la sustituye en 1952 por la Administración General de Transportes de Buenos Aires (AGTBA), dependiente del Ministerio de Transportes de la Nación.
A mediados de 1955 AGTBA comienza a desprenderse de las líneas de colectivos, que se privatizan. Más tarde el gobierno aplica la misma política a los restantes sistemas eléctricos y automotores de superficie, hasta quedar en la órbita estatal sólo la red de subterráneos.

AGTBA también es liquidada y en junio de 1963 se crea una nueva entidad pública, Subterráneos de Buenos Aires (SBA), para operar la red subterránea en la órbita de la Secretaría o Subsecretaría de Transporte de la Nación. En 1977 el gobierno asigna a SBA el carácter de una empresa con amplia autonomía, Subterráneos de Buenos Aires, Sociedad del Estado (SBASE) cuyo paquete accionario es transferido en 1979 a la Municipalidad de Buenos Aires.

En 1991 el gobierno nacional resuelve dar en concesión los servicios de la red subterránea en una concesión única con la línea suburbana Urquiza. El consorcio ganador forma la empresa METROVÍAS, que se hace cargo de la red en calidad de concesionaria el 1 de enero de 1994. El plazo era de 20 años, pero en 1999 se lo extiende hasta el 31 de diciembre de 2017.

La primera línea de subtes –hoy Línea A– expendía boletos que eran controlados por los revisores antes de ingresar a los andenes, y debían devolverse al salir. En las líneas posteriores se instalaron molinetes que se franqueaban depositando una moneda de 10 centavos, y más tarde una o dos de mayor valor, hasta que se optó por acuñar cospeles. Éstos se usaron hasta que en 2001 se implantó un sistema con boletos magnéticos y tarjetas sin contacto
Las primeras líneas del Subte se identificaban por las empresas propietarias, y por un número cuando eran más de una. Cuando pasaron a integrar la Corporación de Transportes ésta les asignó las actuales letras, por orden de antigüedad.

Cuando ya funcionaban las líneas A, B y C, el viaje en cualquiera de ellas costaba 10 centavos, sin combinaciones. La habilitación de la Línea D permitió las combinaciones a través de la estación Carlos Pellegrini (hoy 9 de Julio), debiéndose pagar un adicional o un nuevo viaje, hasta que el 1 de junio de 1956 se permitió viajar entre todas las líneas, sin un pago adicional.